El fin de Daniel Osvaldo

CiVkO0GWsAAMIIwPor Andrés Scarola (@AndyScarola)

 

Boca visitaba a Nacional en el Parque Central. Minuto 69, gol del Xeneize, Frank Fabra pone el 1 a 0. Uno de los suplentes le grita el gol al público local. Ese suplente, el 9, abucheado y agredido por la gente charrúa, comienza a ser protagonista de una noche que quedará en su legajo.

Boca empataba 1 a 1 con Nacional, se traía un buen resultado a Buenos Aires y todo parecía normal. Minuto 84, el cuarto árbitro levanta el cartel luminoso anunciando el ingreso del 9, que no jugaba desde el 20 de marzo y todos querían ver. Sale el 7, Cristian Pavón, entra él, entra Daniel Osvaldo.

El partido sigue sin ánimo los últimos minutos, ninguna pelota parece encariñarse con el 9, y los segundos corren rápido. El paraguayo Enrique Cáceres señala la mitad de la cancha, el partido terminó. La prensa, el cuerpo técnico, la gente de campo, ingresa a la cancha. Los equipos se reúnen para saludar. Él no. El 9 se va caminando en soledad al vestuario, de manera automática cuando pitó Cáceres. No saluda ni a sus compañeros, ni a los 3.000 hinchas que fueron a bancar al equipo. Se va.

Nadie entendió muy bien qué pasó. Los periodistas de campo consultan a las autoridades de la CONMEBOL si el 9 fue expulsado. No. No pasó nada. Sólo se fue.

Minutos más  tarde, el periodista de Fox Sports Marcelo Benedetto le consulta acerca de su vuelta a las canchas luego de la lesión. “Me sentí bien los 5 minutos que jugué”, contestó irónico Osvaldo. Algo se empezaba a entender.

¿Fue sólo una calentura por no haber jugado más tiempo? Miles de suposiciones se hicieron en televisión, en Twitter, en radio, pero nadie hablaba con seguridad. Pasaron los minutos y se filtró, como era de esperar, información de lo pasado en el vestuario Xeneize. Gritos, retos, una reunión de referentes, y una “decisión” de Guillermo, que sería anunciada hoy, y lo fue.

El delantero de amplio pasado europeo, se encerró en el baño a fumar. “Andate, vos no sos profesional”, le habría dicho Guillermo. Baño y al avión.

El técnico pidió comunicarse con el presidente. “Boca no se opondrá a la decisión de Guillermo” fue el título de todos esta mañana. Todos lo pensaban pero nadie lo decía. Finalmente, en cuestión de minutos todo se aclaró: Boca echó a Osvaldo. O rescindió el contrato, si es que suena menos trágico.

El delantero no pudo encontrar la paz. En su primera etapa en Boca pareció que perfilaba como ídolo, en una Copa Libertadores que lo trataba bien, y un presente que parecía muy bueno. Llegó el panadero y chau copa. Las cámaras de espectáculos lo comenzaron a invadir. Se separó de su mujer, vinieron los malos resultados, y el 9 migró a Portugal. Seis meses después, más calmado, regresa a su club de corazón. Junto con su amigo Carlos Tévez, que acaba de sacar a Boca campeón del Torneo y la Copa Argentina, todo parece que pinta bien para el Xeneize. Osvaldo se lesiona. El Vasco Arruabarrena da un paso al costado, y llega Gullermo Barros Schelotto. Menos paciencia y más exigencia. Osvaldo se recupera bien, y todo se encamina para su vuelta. Llegó el 12 de mayo, y el relato vuelve a comenzar.

¿Si Guillermo tenía un 11 ideal pensado, sin la presencia de Osvaldo? ¿Si la cabeza le ganó a su calidad? ¿Si se apuró a ser ídolo? ¿Si sus actitudes extra futbolísticas lo marginaron de la cabeza del DT? ¿Si sólo fue una mala noche y Guillermo no lo toleró? Aún esas preguntas siguen sin respuesta. Lo único concreto es que Boca ya no tiene 9.

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